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martes, 23 de septiembre de 2014

Citas para recordar "Trono de Cristal" por Sarah J. Maas

¡Hola Lectores!
Quiero pedirles una enorme disculpa por no poder pasar por sus hogares para ver sus nuevas reseñas, en realidad la universidad me tiene ahogada en tareas y no tengo tiempo ni para respirar. Prometo que poco a poco retomare la marcha. Mientras les dejo esta entrada de mi sección favorita (estoy pensando en abrir secciones nuevas como entrevistas, las he visto en otros blogs y me parecen estupendas) así que comencemos.

Algo en sus ojos, sorprendentemente azules –del color de las aguas de los países del sur-, y la forma en que contrastaban con su pelo negro como el carbón, la desarmaron. Era dolorosamente guapo y no debía de tener más de veinte años.

“Se supone que los príncipes no tiene que ser atractivos. ¡Son criaturas quejumbrosas, estúpidas y repugnantes! Pero este…este… Que injusto de su parte pertenecer a la realeza y ser guapo al mismo tiempo”

-Se envolvió con la capa. Tenía intención de ganar. Vencería, serviría al rey y luego desaparecería en la nada, y no volvería a pensar en castillos, reyes o asesinos. Celaena no deseaba volver a reinar en aquella ciudad. La magia había muerto, el pueblo de las hadas había sido desterrado o ejecutado, y ya nunca volvería a tener nada que ver con el auge y la caída de ningún reino. No estaba predestinada a ser nada. Ya no-.

-Podía obligarlos a participar en competencias ridículas, pero independientemente de que fueran criminales, seguían siendo seres humanos. Si no quería participar en el juego del rey, la única alternativa que tenía era morir.-

-Celaena miró el pinaforte. Antes lo tocaba… le encantaba tocarlo, le encantaba la música, y cómo la música podía romperlo y curarlo todo y hacer que todo pareciera imposible y heroico.-

-El valor del corazón es algo muy infrecuente- dijo con una calma repentina.- Deja que te guie.

Si se convertía en la campeona de su padre y luego recobraba su libertad, ¿seguiría siendo la misma? ¿O todo aquello no era más que una fachada para lograr lo que quería? Dorian no podía imaginársela fingiendo. No quería imaginársela fingiendo.  

Celaena no esperó su respuesta y echó a andar hacia la sala de juegos. Deseaba con todas sus fuerzas estar cerca de él y sentir el cálido aliento del príncipe en su piel. Le gustaba aquella sensación. Y lo que era peor, comprendió que le gustaba él.

Era una criminal: una máquina de matar, una reina de los bajos fondos… y aun así… aun así no era más que una niña a la que habían enviado a Endovier con diecisiete años.

Tenía un corazón enorme, y tan rojo como sus dientes. Había gente buena: en el fondo, siempre había una pizca de bondad en todo el mundo. Tenía que haberla.

Celaena sentía los brazos pesados y ligeros a un tiempo. La habitación parecía dar vueltas y más vueltas a su alrededor. Le gustaba –le gustaban sus besos, su olor, su sabor, las sensaciones que le provocaba.

Nos leemos pronto con una nueva reseña.
Un beso




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1 comentario:

  1. Es un libro que me gusta mucho, no veo la hora de leer la secuela. La forma que esta construido el personaje de Celaena es imposible no amarla.
    Besos, te sigo!

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