lunes, 22 de febrero de 2016

Cartas a mi amante 3, quisiera.

Quisiera despertar y pensar en ti como antes podía hacerlo, imaginar que esperabas por mí para llevarme en coche al lugar donde teníamos que fingir que solo éramos parte del trabajo, anhelo la intensidad de nuestros encuentros y la entrega que podía regalarte, han sido días difíciles desde tu partida y quisiera decir que te extraño, que tu sonrisa torcida aun visualizo en sueños y que tus brazos que me premiaban con cariño puedo sentirlos cada noche antes de dormir.

Los recuerdos me sorprenden a todas horas, inclusive cuando creo que no estoy pensando en ti, cariño aun puedo repetir cada línea que escribí alguna vez para ti y puedo sin dudar sentarme a planear nuestro próximo encuentro, suelo ir y mirar las tiendas donde podía encontrar todo aquello que sabía te gustaría, aun leo algunos  párrafos de aquello que con tanta pasión escribí para ti en secreto y debo decir que abandone el libro que inicie con la inspiración que me dabas.

Con el paso del tiempo mi reflejo y mi cuerpo han cambiado, me veo cansada, pálida, he subido de peso y mi cabello comenzó a caer, me es más difícil prestar atención y trabajar en todo aquello que tenemos que hacer juntos; te veo parado frente a todas esas personas y a veces continuó pensando en que fui yo quien te siguió a todas partes sin esperar nada a cambio.

He esperado quince días para estar lista y decirte adiós, cuando creo que estoy preparada para el ritual me miras y siento e incluso afirmó que me deseas y me extrañas.

En cambio te he visto alejar tu mirada y dedicarte a mirar a alguien más cuando sabes que duele y he decidido hacer lo mismo y esperar que tu dolor sea más grande que el mío, te he odiado infinidad de veces, incluso cuando estuvimos juntos. Porque sabía de cierta manera que jamás podría significar algo más de lo que yo era. Y te amé, te amé tantas veces que son incontables y te perdone el dolor que me causabas todos los días. Por amor; engañe, mentí, traicione, y fui la peor mujer creyendo que tus palabras no tendrían caducidad y estoy aquí escribiendo y llorando, intentan sanar mi corazón y dejando ir tu mirada, tus recuerdos, tu esencia, tratando de recuperar lo que un día fui.

Sé que aquella que fui no volverá, que he perdido no solo la virginidad, que perdí decencia, dignidad, autoestima, valor y ahora solo queda la parte temerosa, ansiosa, egoísta, celosa y llena de odio; el mismo odio que había sanado en un proceso lento y doloroso.

Quisiera despertar y pensar en ti como antes podía hacerlo, imaginar que esperabas por mí para llevarme en coche al lugar donde teníamos que fingir que solo éramos parte del trabajo, desearía que de alguna forma anhelaras mi regreso.
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1 comentario:

  1. Holaaaa!!! Gracias por pasarte por mi blog y seguirme. Yo ya te sigo a ti.
    Saludos

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